martes, 30 de agosto de 2016

30 Libros para leer antes de cumplir los 30 por Lukas "30 El libro de los abrazos"







Numero 30 EL LIBRO DE LOS ABRAZOS, EDUARDO GALEANO
Si en la primera página de un libro se lee “RECORDAR: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón” preguntas que ya habíamos olvidado vuelven aparecer y nos recuerdan la importancia de permanecer en este mundo, de existir, de respirar, de estar vivo pese a todo.
Pensamos que tal vez en cada micro cuento, en cada micro historia deberíamos volver a ver al mundo, porque hace mucho que nos olvidamos de las estrellas. Si eso sucede, todo aquello que nos destroza, que arruina nuestra salud espiritual y mental y que no es normal, lo asimilamos como si siempre hubiera existido. Lo que significa que nos acostumbramos a llorar y ya no levantamos ni un puño, ni nos indignamos por la violencia, ni volvemos a amar, aunque suene cursi.
Galeano sabe que su universo, sus demonios, sus dolores, se hayan en una América negada por la gran historia, en cada campesino que levanta su voz.  Crónica breve que se expresa sobre las ciudades que tanto conoce y ha respirado. En sus historias los protagonistas son los nadies de siempre, los que nunca nadie escucha, los que el gran relato ignora.
La vida se presenta muchas veces como un huracán de emociones, de cataclismos que por absurdos que parezcan, destrozan todo aquello que alguna vez creímos verdadero. Cuando nuestras verdades universales se evaporan frente a la primera tormenta, nuestra forma de ver el mundo se transforma y quizás todo nos duela un poco menos o un poco más.
Los personajes del libro de los abrazos muestran lo inestable de nuestra vida en hechos mínimos, en relatos que en apenas dos párrafos describen sus grandes odiseas, sus utopías propias mientras la vida les pasa por enfrente sin pedirles permiso.  Porque Galeano junto a los nadies que se cruzaron en su ruta, en una página nos hacen reír, en la siguiente dudar, en la tercera lloramos y en la cuarto volvemos a reír sin darnos cuenta.

La América dulce pero violenta que se  dibuja en todos los relatos, revive no solo en tierras cubiertas de injusticia y resistencia o en cada cura que desafía a Dios, sino en todos aquellos que abandonan su patria para llorar  en tierras donde se hablan idiomas que no conocen. No importa si se trata de un exilio político o un exilio económico, los nadies con sus particularidades, con sus miserias y sus grandezas, sienten la misma pena y saben que  “no son aunque sean, que no hablan idiomas sino dialectos, que no profesan religiones sino supersticiones, que no hacen arte sino artesanías, que practican cultura, sino folklore, que no son seres humanos, sino recursos humanos, que no tienen caras, sino brazos, que no tienen nombre sino número, que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local”. Escribe Galeano y después nos llena los ojos de agua, de eso se trata el Libro de los Abrazos.

Aclaración: El listado de libros, no plantea una crítica literaria, es una reflexión personal de que significó para mí el texto en cuestión, cuando lo leí por primera vez.  De mas esta decir que bastantes de los libros del listado son obvios pero otros no.
El orden es arbitrario como todos los órdenes, ningún libro de los enumerados tiene una jerarquía por su calidad literaria sino que se basa pura y exclusivamente, en mi capricho personal, en los sentimientos que cada uno de los relatos despertó en mí. Espero que lean cada texto y que en cada palabra encuentren una respuesta o una incómoda  pregunta para estos tiempos de tormenta y crisis

martes, 12 de julio de 2016

Si quieres conocer una cultura camina sus calles, por Martín Zinclair La Plata

Mientras suenan las metafóricas letras del Indio y algunos bocinazos entran por la ventana, un colectivo acelera la marcha y miles de personas caminan las calles esquivando baldosas flojas y bicicletas que andan por la vereda, tantas historias como segundos transcurridos en un rincón del mundo, sucumbido a la vorágine constante que se manifiesta velozmente en el espacio público. Espacio que implica una construcción viva, dinámica, cambiante, donde se producen intercambios tanto materiales como simbólicos por parte de los individuos que lo habitan.

Pero estas relaciones no se dan de manera armónica, sino que por el contrario existen tensiones en lo que respecta a significaciones y puntos de vista, actitudes y límites, y los demás aspectos que se pongan en juego dentro de ente marco de intercambio. Todo este entramado surge al considerar a las personas tanto como productores, protagonistas y a su vez, público.

Es decir que, con nuestras intervenciones, transformamos la realidad que nos engloba y somos transformadxs al cambiar nuestros esquemas para percibirla. Incorporamos o deshacemos elementos, ya sean signos o materiales, como componentes organizadores necesarios para interpretar el mundo que habitamos y del que somos parte. Se da entonces un proceso de apropiación constante y resignificación continua tanto de la esfera en la que estamos inmersos como de nosotrxs mismxs.

Es el tan conocido sistema capitalista, en sus múltiples encarnaciones, el que se hace presente en todos los ámbitos de la vida misma. Las desigualdades de este sistema en cuanto a medios de producción y representación, se manifiestan en la economía, la condición social, la conciencia colectiva, el ámbito cultural: todas aristas de un entramado de significaciones que nos condicionan como individuos, pero que no nos determinan.


Según el teórico y crítico de la cultura José Luis Brea “es en el campo cultural donde se desprende la mayor batalla, entendiendo que ante la desopilante diferencia entre modos de producción y consumo, la revolución es ahora inmaterial”. Es decir, serán los propios posicionamientos de los actores de la cultura, los que a través de su obra –generalmente desde la autogestión y la resistencia- deberán generar mecanismos para interpelar a una sociedad dormida, generando la pregunta, floreciendo la conciencia crítica, expandiéndose como reguero de pólvora para explotar y armar el mundo nuevo sin opresorxs ni oprimidxs.


Me voy corriendo a ver, que escribe en mi pared, la tribu de mi calle
  
Existe entonces una cultura opresiva, legitimada por instituciones y organismos que buscan en esa herramienta el control de los pensamientos, induciendo a través de los medios propagandísticos lo válido y correcto, marcando a su vez los límites de la imaginación que pretende adormecer.

Claro que también, desde las grietas de este feroz sistema, se alza una contracultura que busca desde la resistencia, generar perspectivas críticas aludiendo a los conflictos sociales, visibilizando y cristalizando problemáticas propias de los contextos donde se desarrollan. Invitan de esta manera  a generar un sentimiento de pertenencia y desenmascarar una iniciativa opresora, aflorando la pregunta con mecanismos activos, otros modos de lectura, disputando sentidos para actuar sobre las situaciones y transformarlas.

 Este paisaje fugaz es constitutivo de las personas. ¿No utilizamos acaso como referencia alguna esquina pintada? ¿No nos identificamos con las frases de rock plasmadas en las paredes por algún personaje anónimo? ¿No nos sensibilizamos, identificamos acaso, con el discurso de algún mural que nos interpela con su contenido? ¿Nunca más te llamo la atención una baldosa blanca entre tantas flojas?

El carácter mutante del espacio público da constancia de la diversidad que en él confluye. Esta multiplicidad de sentidos se ve reflejada en diferentes géneros y técnicas que conviven, aunque en términos artísticos no haya una mejor que otra, sino que se diferencian por las subjetividades que las interpretan. Diferentes estilos que contrastan unos con otros conformando géneros expresivos diversos, dando cuenta de las múltiples realidades, tantas como intérpretes existen.

Ejemplo de ello, se observa en las inmediaciones de Plaza Rocha un fenómeno en constante nacimiento, tal vez nunca previsto por su fundador. Letras, stencils, tags, esculturas, pegatinas, monumentos, reivindicaciones y figurones que tienen como epicentro, la Facultad de Bellas Artes.

Si bien es un universo en sí mismo, no debe dejar de salir a la calle y llevar a la praxis constante su plan de estudios orientado más hacia una mirada latinoamericana a partir del 2006 y ya no eurocentrista. Cuenta con la carrera de Artes Plásticas y sus orientaciones en Escultura, Escenografía, Grabado, Dibujo, Cerámica y Muralismo y Arte Público Monumental. Esta última, es sin dudas una conquista histórica luego de haber sido cerrada  por la más atroz de las dictaduras militares en 1976, por ser un medio de comunicación masivo.

El arte público tiene la particularidad de construir imaginarios, interpelando la cotidianeidad de las personas, a su vez, inviste identidad colectiva, mediante un proceso donde se gestan los sentimientos de pertenencia de distintas personas, cada cual con sus particularidades. Resulta entonces inevitable, al transitar la ciudad de La Plata, no notar las diferentes manifestaciones artísticas.

Uno de los principales exponentes de este suceso que traspasa lo artístico para convivir con lo sociológico como fenómeno en plena expansión, es Luxor, quiense define como un artista popular, que pinta sobre cualquier soporte, pero preferentemente ve en los barrios y en las casas la oportunidad para dialogar con las personas, construir en reciprocidad mediante el diálogo. Entrar en contacto directo, compartir momentos e historias de vida. Deconstruir la realidad como así también a los sujetos. Y vaya que lo logra.


Para Luxor, que se llama Lucas, su obra responde a un proyecto. Busca construir de manera colectiva, dándole a través de su amplia gama de colores, voz a lxs que muchas veces han sido calladxs por la brutalidad del sistema. Es una clara forma de disputar sentido: busca generar una pintura popular, desde la bases, compartiendo su experiencia y nutriéndose de la otredad. No se siente para nada un iluminado, por el contrario, cree necesario el encuentro con cuantas personas sensibles y piolas sienten y pueden encontrarse en un acto de amor y representatividad a través del arte popular que ambos factores llevan adelante. Hacia el futuro.

Otra experiencia de gran valor y característica de la ciudad, que disputa el espacio público, es la realizada por la Asamblea Vecinal Parque Castelli. Nacho Bogino, artista público y miembro de la organización, que surge desde la humedad que dejó el fatídico 2 Abril y la desidia del Estado, relató: “Hubo necesidad de agruparse. Con otros artistas como Carlos Franchimont y Mili Martínez como parte de la comisión de arte, propusimos al resto de las comisiones la realización de una escultura en la esquina de 65 y 26: Primer homenaje desde y hacia los vecinos afectados. Sin embargo la catarsis continuaba y la Asamblea se agrandaba”.

Nacho continúa su relato y agrega que fue el boca en boca y el casa por casa, la herramienta para nuclearlos, “se marcó hasta donde había llegado el agua en cada hogar y el espacio público mutó contando múltiples visiones de una misma historia.”



martes, 14 de junio de 2016

Abrí los ojos y te perdí en Santiago (crónica apresurada de Chile) por Lukas



I.

Antes de perderme en la ruta, de contar las estrellas en el cielo, de fumar un cigarrillo frente al Pacífico, pero después de comprar papas, golosinas y preservativos a precios mayoristas, descubrí que las ruedas del colectivo estaban muy bajas. No soportaron tanta carga y se refugiaron en el taller de la empresa.
Los pasajeros toman aire aunque llenan sus pulmones con nicotina e insultos a los choferes, alguno incluso amenazan llamar a Cadena tres. A lo lejos, unos artesanos se alejan y calman la ansiedad con posiciones extrañas, los envidio. Intento conversar con mi compañera de asiento que enojada habla del universo y el sur de chile. Así comienza este viaje improvisado.

Dos horas más tarde, con cinco cigarrillos menos, rodeado por la ruta, hablo con Teresa. Ella tiene 25 años y una niña que la espera en Mendoza. Se divorció joven, luego entró a trabajar en una mercería. Vivió siete meses acompañada por sus miedos hasta quedarse encerrada en los laberintos de la depresión. No podía estar sola, extrañaba a su familia. Habló mil veces de cuanto necesitaba a su familia, mil veces.
En una mañana de Enero, Teresa conoció a un “negro de Sudan” según sus palabras y la vida volvió a interesarle. Aparecía todos los días en el local donde ella trabajaba, la conquistó por cansancio, según sus palabras. Ahora, viven juntos mientras venden carteras en la ancha  geografía de un país llamado Argentina.
Ella regresaba del festival de Jesús María, durmió poco en un hostel sucio. El negro de Sudan estaba en las grutas: “En esta época se vende mucho por allá” me explica para después decirme que es tarde y tiene sueño.
 La mañana me descubre desprevenido sobre lo que es o fue alguna vez Mendoza. Ciudad de trolebuses viejos, calles sucias y un sol que arde sobre el pasto, denuncian la fotografía de un lugar consumido por el tiempo. En mi bolsa de tesoros, un paquete de galletas oreos promete ser mi desayuno y almuerzo.
Superadas las aduanas que parecen eternas, luego de haber recorrido la cordillera en caminos de asfalto, se presenta lo que promete ser Santiago de Chile. En el lado derecho de la ruta, la cordilla dibuja colores de tierra mientras que en el lado izquierdo, se pinta un río protegido por montañas y flores amarillas.
Cerca del agua, bordeando las rocas, se dibujas las vías del ferrocarril, pero no están abandonadas, ni son el rastro del pasado como en mi tierra. Sobre ellas, avanza un tren cargado de misterios que no comprendo.
Sobre la urbe, los edificios viejos son cubiertos por tiendas comerciales y rascacielos vacíos que definen un barrio llamado Providencia. El desembarco sucede en una terminal de ómnibus igual a cualquier otra terminal latinoamericana, pero con Mc Donald, local de electrónica y casas de cambio oficial.

II.

En Santiago abundan  vendedores ambulantes que en lugar de ofrecer medias, lentes baratos o películas piratas, venden chipis, tarjetas de memoria, cargadores portátiles, auriculares entre otras maravillas tecnológicas.
Dos ciudades se disputan el mismo espacio, abajo el subte, el orden, la limpieza precios extranjeros (viajar en subte cuesta 740 chilenos, un dólar) Arriba linyeras, carabineros, banderas del che, imágenes de Pinochet y una estatua de Salvador Allende. Todo explota pero todo se sostiene.
Sobre Avenida Libertador se levanta  la Fortaleza de Santa Lucía: Un foco de resistencia frente al avance Español. Ahora, cuando cae la noche, travestis ofrecen su amor, adictos a la cocaína gritan y entre escaleras abandonadas,  banderas de chile son levantadas por hombres de barba que piden cigarrillos.

III.

La luna en Avenida Libertador ilumina lo que el sol esconde por los ruidos de una urbe que siempre estalla pero nunca se destruye: Un Mc Donald que vende sobras a linyeras que se lo regalan a sus hijos. Los mismos pobres venden toda la noche comida frita frente a las persianas bajas de Falabella.
El Cerro Santa Lucía termina donde comienza el centro cultural de Santiago donde comienza una calle llamada Lastarria. El diluvio continuo de Santiago cubre Casonas viejas transformada en bares alternativos, calles de piedra, murales y luces amarillas. Vendedores callejeros exponen libros viejos de Neruda, algún libro de autoayuda y pedazos de papel que antes fueron best seller.


Me siento en un bar llamado utopía donde para pedir cerveza antes tengo que pedir comida. No tengo mucho dinero, pero en Chile hasta en local más abandonado por Dios, acepta tarjeta. En la mesa de al lado, dos mujeres rubias hablan en inglés.
Los bares cierran a las once pero la ciudad no duerme. Vendedores ambulantes todavía ofrecen comida, algunos cocaína y hasta cerveza. Los amantes se prueban en los bancos de Santa Lucía mientras otros fuman marihuana vestidos por una lluvia que parece nunca terminar. Los subtes cierran a la doce pero los colectivos no se detienen y continúan su camino hacia la nada.

IV.

Amanezco más o menos temprano, el aguacero no termina. Bordeó el río, cruzó plaza Italia y me detengo bajo la universidad de derecho, en barrio Bella vista. Calle constitución es rodeada por bares, ahora cerrados, que de noche ofrecen bebidas espirituosas a estudiantes dispuestos a cambiar el mundo, coger o emborracharse para olvidar su pasado. Tal vez, algunos valientes realicen todo al mismo tiempo en una noche desesperada.
Constitución termina donde comienza el museo Pablo Neruda. La primera de tres casas que tuvo el poeta, la cual llamo “La Chascona”. El poeta se enamoró de varias mujeres aunque se entregó a los cabellos despeinados de Matilde  que en quechua significa Chascona.
Neruda pensaba que las copas debían ser de colores porque hasta el agua se veía divertida. El sueño terminó, cuando Pinochet robó el poder. Pablo se entregó a su enfermedad y deseo morir en su casa.
Los mercenarios de la dictadura destruyeron su hogar y amenazaron a Matilde. Ella, hizo lo que cualquier otra persona hubiera hecho, transformó el velatorio de Neruda en el primer acto de rechazo a la dictadura de Pinochet. Fue una de las  primeras mujeres, personas, que se opuso abiertamente al gobierno.
“La chascona” se transformó en un barco naufrago bajo la violencia de un Estado que en total torturó, secuestró y asesinó a 40000 personas, de ellas 3065 están muertas o desaparecidas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990, según el informe realizado por la comisión Valech.
El informe realizado durante la presidencia de Piñera, fue criticado por Organizaciones de derechos humanos ya que la comisión Valech rechazó más de 22 000 casos. La moneda guardó silencio frente a los resultados. Atrás queda Neruda aunque todavía no me olvidó de 40000 personas que ahora me acompañan en mi ascenso hacia el cerro San Cristóbal.

V.

El sol aparece, después de todo, comienzo mi ascenso a pie hacia la punta  del Cerro San Cristóbal. Camino a paso lento pero seguro, todo el sendero está marcado, a medida que me acercó a la colina los edificios de la ciudad se entremezclan con la cordillera. Torres de vidrios habitadas por franquicias, conviven con edificios viejos ocupados por estudiantes, empleados de comercio y miembros de la administración pública.
Mi andar es acompañado por familias y seres pegados a sus bicicletas elaboradas en algún país extranjero y lejano. La salud física es importante para los habitantes de Santiago, la bicicleta es el vehículo que más utilizan ya sea para proteger el medio ambiente o por el alto precio del transporte.
Sentado ya en la colina, rodeado de familias, lápidas que se levantan a cambio de sumas de dinero a la iglesia, la infraestructura de Chile no deja de sorprenderme.  Desde el Cristo se observa la torre más alta de Latinoamérica que es un shopping y un centro de oficinas. Sin embargo en los últimos años, pese a que ha disminuido el desempleo,  aumentó la demanda de empleados de cocina, comercio y construcción y disminuyó la demanda de empleo clasificado. Lo que en el mediano plazo significa un estancamiento del trabajo.

VI.

Mareado por los edificios, aturdido por el ruido, vuelvo hacia el corazón del monstruo, vago por calles vestidas con basura, linyeras y turistas extranjeros, el azar me conduce hacia el palacio de la moneda, hacia el centro cultural Palacio de la moneda y plaza de la ciudadanía. Se trata de una galería construida debajo de casa de gobierno. A parte de precios inflados para extranjeros, galerías de arte hípsters y fotografías que muestran el pasado próximo de chile, se encuentra un cine.
Los hilos del viajero errático me hacen notar que en chile se desarrolla un festival de cine latinoamericano y que en la sala proyectan Allende en su laberinto. Película donde se describen las últimas horas de resistencia del presidente, frente al avance del golpe de Estado perpetuado por Pinochet y Estados Unidos.  
Lo interesante no es ver al político en su laberinto, en sus miedos, en sus propias contradicciones, lo importante es observar a los espectadores luego de acabada la cinta. Sentados sobre las butacas tienen los ojos brillosos, se aferran al apoya manos, otros cubre sus bocas y se quedan horas pensando en todo lo que perdieron, en todos los que desaparecieron, en todo lo que pudieron ser y en todo lo que son. Dos estudiantes no dejan de ver el suelo. Una mujer esconde su rostro pero no calla el ruido ahogado de sus labios. Allí en  la diminuta sala de proyección construida debajo del Palacio de la Moneda, todo el pasado se refleja en los ojos de una dama  todavía joven pero muy cansada. Ella agobiada por los golpes de su historia, no puede levantarse de la silla.
Vuelvo a perderme en la ciudad y me dirijo hacia ese primer mundo ubicado debajo de la tierra llamado metro. Parto hacia el museo de la memoria. El edificio fue levantado por Michel Bachelet, en la primera parte se observan varios juicios de lesa humanidad desarrollados a lo largo del mundo; luego imágenes de Chile donde Pinochet asesinó o secuestro y se levantaron monumentos en honor a las víctimas.
La escalera me lleva hacia la sala principal que proyecta eternas veces, las imágenes de las fuerzas armadas chilenas destruyendo el palacio de la moneda. En diferentes auriculares se escuchan la radio de la época y las últimas palabras del presidente.

El museo se encuentra rodeado de artesanías que desarrollaban los presos políticos mientras esperaban su libertad o su condena. En un espacio se observan las cartas y dibujos enviados por niños a sus padres, más adelante la imagen de una mujer que fue encontrada violada y muerta al borde del mar. Siempre en cada sala, en cada espacio una persona llora. Es todavía tan joven la democracia en chile, en 1990 el pueblo volvió a elegir su presidente. En el recorrido se descubre la prolija persistencia de Pinochet por no recuperar la democracia, la complicidad de Estados Unidos y las personas que murieron sin entender muy bien porque. La Dictadura termina y los rastros de una desigual ciudad Latinoamericana se respiran en la urbe.

 VII.

A lo largo de toda la ciudad, el Estado siempre se encuentra presente, de una manera violenta, sugiere, ordena determinadas cosas a los caminantes. Lo hace sentir incómodo si es necesario, lo importante que la ciudad este limpie o que se levante la caca del perro, lo importante es el orden. La presencia constante de los carabineros nos hace imaginar una ciudad sumida en el deber ser, en la obediencia aunque entre las sombra, la resistencia se refleja en actos de vandalismo que pintan las paredes con declaraciones de libertad y Anarquía.
El Estado deseo neutralizar el problema con amenazas y humillaciones pegadas en las paredes, pero la resistencia respondió con más frases y aerosol, aumentaron los carabineros, las pintadas también. Cuando se entendió que en la violencia no se hallaba respuesta, se propuso desarrollar murales en las paredes abandonadas, nunca más fueron destrozadas. Los murales hablan sobre la integridad del cuerpo y la emancipación de la mujer frente al capitalismo del cuerpo.

En Santiago, el capitalismo del cuerpo se refleja en la cantidad de cabarets que se encuentran en la ciudad, en una cadena de cafeterías llamadas Haití donde mujeres con ropas apretadas y curvas pronunciadas ofrecen expreso, en bares escondidos en la zona financiera donde mujeres apretadas atienden y otra vez en cabarets escondidos en galerías de comercio. El sexo es una mercancía, el cuerpo una herramienta.
EL consumo no solo se expresa en la sexualidad se dibuja en malls, incontables malls que se descubren en cada esquina, mercadería importada y sin barreras, una droga adictiva para cualquiera que consume. Los electrodomésticos y la ropa de marcan son accesibles aunque la energía, el transporte, las autopistas y la nafta sean altas. Aquí Chile se asimila, se dibuja como cualquier otra ciudad perdida en los hilos del capitalismo, aquí tal vez mis palabras acaban.

Me hundo otra vez en aquel primer mundo llamado metro, hacia la estación pajaritos, mi próximo destino: Valparaíso, pero es otra historia.